<p style="text-align: justify;">Por Jesús Ángel Munilla. Director Financiero Masscomm Innova</p>

<p style="text-align: justify;">La verdad es que el título que he puesto a esta editorial suena un poco aburrido. Estamos acostumbrados a conceptos más vibrantes como “ambición”, “arrojo”, “ímpetu”, “iniciativa”, etc. Estamos acostumbrados no sólo a conceptos, sino a realidades que describimos como estresantes, de éxito, de fracaso, de pasión, etc. Todas estas calificaciones nos trasladan a priori a unos pensamientos mucho más concretos y estimulantes que la palabra “constancia”. Ésta nos traslada a un aparente concepto de monotonía o falta de ritmo. Sin embargo, y según una de las acepciones del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), su significado es el siguiente: “FIRMEZA Y PERSEVERANCIA DEL ÁNIMO EN LAS RESOLUCIONES Y EN LOS PROPÓSITOS.”<!--more--> Cualquiera de las palabras que conforman su significado nos cambia la imagen previa y añade de forma individual, y por añadidura en su conjunto, un magnífico valor a la palabra descrita. FIRMEZA – PERSEVERANCIA – ÁNIMO – RESOLUCIÓN – PROPÓSITO. Todas en positivo, todas con luz propia. El lenguaje nos permite, cuando le dedicamos unos minutos, darnos cuenta del maravilloso vehículo de transmisión de que disponemos y que utilizamos con tanta normalidad que llegamos a olvidar el verdadero valor que tiene. Esta palabra, CONSTANCIA, trasladada a nuestro ámbito personal y profesional, nos sirve de vehículo a motor al que podemos ir sumando factores positivos que nos faciliten alcanzar cualquier reto que nos propongamos. Cuanto más potente sea el motor, más capacidad de carga y de recorrido tendremos. Aquí radica la esencia de la palabra. En el mundo de los negocios, este vertiginoso mundo, una gran cantidad de decisiones se tienen que tomar sobre la marcha, con poco tiempo de reflexión porque las circunstancias así lo demandan. En otras ocasiones, cuando tenemos que enfocar nuestras líneas maestras de actuación y generar planes de negocio a medio y largo plazo, necesitamos otorgarnos un mayor periodo de reflexión para gestionar y controlar los medios y recursos que tenemos a nuestra disposición y los que habrá que añadir para la consecución de nuestras propuestas. Muchos son los ingredientes que se meten en la coctelera y hay uno que es absolutamente imprescindible: la CONSTANCIA, tanto a nivel de grupo como de forma individual de cualquier miembro del equipo. Hay ideas brillantes, hay personas brillantes, puede haber recursos disponibles, pero si no están adornados con esta virtud, todo puede ser efímero y baldío. Esta palabra tan aparentemente discreta, humilde, sin ningún tipo de ampulosidad, se convierte en arma férrea, implacable y garante del éxito. “La constancia es el complemento indispensable de todas las demás virtudes humanas”. Esta frase célebre de Giuseppe Mazzini, político y periodista italiano del siglo XIX, determina de una forma muy elocuente la magnitud del término. Llevamos años inmersos en una crisis sin precedentes. Nos han sobrevenido todo tipo de cambios, en el plano económico, personal, empresarial, cambios en el Estado de bienestar. No podemos esperar volver a la situación anterior, sino aprender a vivir en un orden nuevo. Todo este desierto que estamos cruzando nos ha enseñado a pararnos en el camino y reflexionar si la dirección que llevamos hay que cambiarla, reorientarla en suma, en función de las nuevas necesidades. En el ámbito de nuestras empresas hemos tenido que asumir nuevos horizontes y buscar negocio en nichos de mercado que antes no se contemplaban. La necesidad crea virtud y nuevamente la CONSTANCIA capitanea todas las ideas, recursos y planes que forman el pequeño ejército que ponemos en marcha, no contra un enemigo concreto, sino en muchas ocasiones contra lo desconocido, y lo peor incluso, contra nosotros mismos, que sin querer nos abrumamos, nos sentimos incapaces, pequeños, ante la adversidad y las dificultades. La CONSTANCIA está en uno mismo; el obstáculo, también. Es necesario que nos reinventemos, que sepamos que somos capaces de afrontar retos que nos parecían imposibles. La evolución humana nos ha demostrado a lo largo de los siglos nuestra gran capacidad de adaptación a cualquier nueva situación. También, y triste es reconocerlo, nuestra capacidad para errar es proverbial, y por eso debemos tener la modestia suficiente para reconocer cuándo nos equivocamos y, como he dicho antes, revisar nuestro rumbo y ponerlo en la dirección correcta. Que no nos importe caernos, lo que verdaderamente importa es que nos pongamos de nuevo en pie y aprendamos de la experiencia para evitar cometer el mismo error. LA GOTA HORADA LA ROCA, NO POR SU FUERZA, SINO POR SU CONSTANCIA. (Ovidio)</p>